Nuevo Reto Familiar

Nuevo Reto Familiar

“Al igual que muchos amigos, mi comienzo en el mundo de la adicción fue una forma de pertenecer al grupo popular y cool del colegio; y también de evadir el miedo y la inseguridad personal que sentía desde muy pequeño. Tuve unos padres muy ocupados y ausentes, y la estructura familiar de límites y consecuencias, aunque existía, nunca se cumplía. Creía que estar todo el día pensando en las redes sociales era normal. Pero el internet y los videojuegos me estaban robando la vida. Perdí la capacidad de relacionarme con la gente, y a los 13 años solo necesité probar el alcohol para experimentar la sensación de pertenecer al mundo real, el cual había sustituido por uno virtual. Continué bebiendo, y a los pocos meses me enganché al vape, primero cargado de nicotina y más tarde de marihuana para relajarme. Comenzaba de este modo mi desgracia”.


Testimonios como este serían simple teoría, si en la práctica los consultorios de los psicólogos y los centros de tratamiento no estuvieran a rebosar de adolescentes con problemas de adicción; y esto en el mejor de los casos.

“No es tan grave”, “estás exagerando, no hay razón para alarmarse” o “esto no va a pasar en mi familia” suelen decir algunos padres, y quizás tengan razón. No todos los adolescentes que coquetean con el alcohol o las drogas desarrollan una adicción, tampoco los que pasan horas siguiendo los likes en las redes sociales o se entretienen ingenuamente con pornografía online; menos aún los fanáticos de los videojuegos, ni tampoco los adolescentes que usan vape a pesar de que la FDA prohíbe su venta y uso a los menores de edad, siempre es mejor el vape que los cigarrillos, pensamos los progenitores.

En los últimos años, los datos sobre adicciones en la población joven son alarmantes. En EEUU, 7 millones de jóvenes entre 12-25 años cumplieron los criterios psicológicos para ser diagnosticados como adictos por consumo de sustancias en 2019, sin contabilizar las adicciones conductuales y los efectos de la pandemia. ¿Seguiremos pensando que “no es tan grave”?

Para nosotros los padres, la sola idea de tener que enviar a nuestro hijo a un centro de tratamiento para alcoholismo o cualquier adicción es un pensamiento aterrador. Sin embargo, la realidad nos advierte que las adicciones son una gran pandemia entre los adolescentes y jóvenes, con tasas crecientes exponencialmente al tiempo que disminuye la edad del inicio del consumo. Como familia nos corresponde preguntarnos ¿Qué estamos haciendo al respecto? Muy poco, pero un buen comienzo sería:

  • Promover y ejercer la comunicación, la cercanía, el apoyo emocional y el trato afectuoso en nuestra familia.
  • Hablar abiertamente con nuestros hijos e hijas acerca de las adicciones (todas, incluyendo las permitidas: alcohol, nicotina, internet) y de las consecuencias.
  • Mantener una posición firme ante cualquier consumo (todos, incluyendo los permitidos: teléfonos celulares y otras pantallas, relaciones, alcohol, nicotina).
  • Establecer límites, normas y consecuencias claras para el funcionamiento de nuestra familia y cumplirlos a cabalidad.
  • Crear vínculos familiares sólidos, interesándonos por los problemas y necesidades de nuestros hijos, y por sus relaciones con el medio social.
  • Validar a nuestros hijos por su individualidad y ayudarles a manejar la presión del grupo.
  • Fomentar la práctica del deporte, actividades creativas y culturales.
  • Ser un modelo para nuestros hijos de valores y de conductas de salud; siempre se predica con el ejemplo.
  • Y la más importante, a la menor señal de cualquier consumo (incluyendo los legales), busque ayuda.

Así como la familia puede de ser el principal entorno protector frente a las adicciones, también puede convertirse en un entorno de riesgo en condiciones adversas. La decisión es nuestra, y hoy es el mejor momento.

Back to blog